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lunes, 8 de agosto de 2011

RELATO



Me siento a escribir, y miro hacia ti, te veo, como siempre, radiante, con tu piel blanca, con tu rosto pálido… fantástico, se podría susurrar, precioso, se podría decir. Cuando te miro, me dan ganas, de llorar, de reír, de quedarme mirando hacia ti, sin poder, ni querer, decir una palabra, ni tampoco pestañear, porque con cada pestañeo, pierdo un segundo de tu preciosidad, que para mí, significa, perder años de vida… Cuando te observo, te veo tranquila, sin preocupaciones, como si a tu alrededor, no sucediera nada, y sin que el tiempo no pasase para ti. Veo una figura, pálida, espectacular, sin poder decir, deducir más significados, que no sean objeto de deseo hacia ti, veo que tu mundo, el que gira sobre ti, todo va perfecto, cosa que del mío, tendría que rechazar, porque es completamente contrario al tuyo. Te veo, y no puedo quitar esta estúpida sonrisa de mi cara de idiota, y tú sigues, sin decir nada, como si no te molestase, lo que hago delante de ti, como si te gustase verme, así, haciendo el tonto, delante de ti, con una cierta pizca de timidez, pero veo que delante de ti, todo da igual, mientras tu estés tranquila y sonriente. Cada noche, me quedo mirándote, pareces una foto, un retrato, pegado en ese cielo azul, tan oscuro, como la maldad que flota sobre este mundo, pero tan tranquila como tu… veo a las estrellas, a tu alrededor, como si quisieran bailar contigo, pero parece que las rechazas, ¿Por qué? Eso no lo sabe nadie, ni tú, ni yo… es así la vida… contigo, mi mente vuela, mi mente imagina actos, escenarios, completamente desconocidos para mí, pero que, aunque este aquí sentada, me parecen tan sumamente reales, que podría estar encerrada en ellos, horas y horas, y que pasasen tan solo unos cuantos segundos, sinceramente, me gusta, lo que me das, una pena que yo no te pueda dar nada para ti. Me paso noches, observándote, porque es realmente, cuando te dejas deslumbrar, con esa tristeza, pero a la vez, esa calma que llevas encima, porque por la noche, sales a la calle, y dejas que el mundo, la gente, disfrute de tu esplendor, como si dijeras “aquí estoy para que me observéis, mientras yo no hago nada” y así es, y así lo hago yo… mirarte, noche tras noche, mientras escribo estas cuatro palabras tontas, sin quitarte ojo de encima… Porque observándote así, noto que mi mente asciende, a través de mundos imaginarios, que me hacen pensar, en este gran pero insignificante mundo, universo, en el que vivimos… pero qué sería de él sin ti… mi pequeña Luna

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